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Lo que Hamlet nos dejó.

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Hamlet ha sido sin lugar a dudas la obra maestra de William Shakespeare, el más genial de los psicólogos empíricos. Shakespeare se ha dedicado a la introspección y a observar detenidamente el alma humana constituyéndose así en el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal.

                                 

                                                

                           “Shakespeare no pertenece a una sola época sino a la eternidad.”

                                                                     Ben Jonson.

 

La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca es la obra más larga del autor y una de las más influyentes. ¿Por qué se ha convertido en la obra más dramática de la literatura occidental de todos los tiempos? ¿Será porque refleja con exactitud las grandes miserias del ser humano? ¿O será porque el drama aumenta nuestra tolerancia al dolor según indican algunos estudios recientes?

Los seres humanos somos capaces de realizar las acciones más heroicas pero también las más miserables.

                                       

                              “El hombre reconoce que es miserable, es miserable porque lo es, pero él es 

                                 grande porque  lo reconoce.” 

                                                       Blasie Pascal.

 

Hamlet se enmarca como tragedia de venganza donde podemos encontrar el héroe, la venganza y el ambiente supernatural típico del drama isabelino. Representa para el hombre la transición del medioevo a la era moderna. Los soliloquios de Hamlet nos muestran como este personaje intenta comprender el mundo sumido en la crisis de dicha transición.

 

En Hamlet existen dos meditaciones que vale la pena analizar. La primera se trata del famoso soliloquio del acto III que inicia con las memorables palabras: “Ser o no ser, esa es la cuestión.” Este famoso soliloquio es una meditación sobre la muerte. Hamlet afectado por el dolor causado por la muerte de su padre se entera que su tío, el actual rey asesinó a su padre y se casó con su madre. Frente a semejantes acontecimientos no sabe si matar a su tío para vengar la muerte de su padre o cometer suicidio. Se trata entonces de un conflicto interno psicológico y moral pero también religioso. Hamlet duda de la inmortalidad del alma y nos plantea que es la conciencia la que nos hace cobardes.

 

La segunda meditación que cabe destacar se encuentra en el  acto V y tiene como escenario el lugar tradicional para este tipo de reflexiones. Se trata de la escena del cementerio y la calavera. Mientras que Horacio y Hamlet dialogan, éste último toma una calavera que resulta ser de Yorick, un bufón del rey a quien Hamlet conocía y apreciaba cuando era niño. Hamlet reflexiona sobre la vida y la muerte, recuerda su niñez como un período feliz en donde el viejo Hamlet estaba vivo y todo estaba  bien en su mundo.

 

Toda esa felicidad que él revive en ese recuerdo se desmorona cuando  se da cuenta que es Ofelia a quien están enterrando…

 

LA LOCURA EN HAMLET Y EN OFELIA.

 

Los personajes de la obra sólo pueden escuchar lo que Hamlet dice y observar lo que hace pero no pueden oír sus pensamientos. Es por esto que deducen que se ha vuelto completamente loco. En cambio nosotros los lectores podemos saber lo que Hamlet piensa por medio de sus soliloquios. Podemos afirmar que la locura del príncipe no fue más que una parte de su plan para vengar la muerte de su padre. Finge locura para retrasar sus decisiones y a través de ella expresa sus opiniones. Se trata de una locura fingida que por momentos parece real. Este tipo de locura hace de Hamlet un personaje filosófico y su locura se vuelve lúcida. Sin embargo, Hamlet se acerca demasiado al precipicio y juega peligrosamente allí.

 

En cambio la locura en Ofelia es genuina y se produce gradualmente. Su quiebre se produce cuando su querido padre es asesinado por el hombre que ama. Si algo tienen en común la locura fingida de Hamlet y la locura real de la pobre Ofelia es que ambas tienen una veta de verdad. Ofelia loca se convierte en un personaje inoportuno y peligroso en un reino donde se oculta una mentira. Además a través de sus respectivas locuras, los personajes nos dicen verdades universales. Es por esto que todos encontramos algo de nosotros mismos en esta tragedia.

                  

                                                                  Los locos y los niños siempre dicen la verdad, a unos

                                                                                            se les educa y a otros se les encierra…

 

EL EFECTO MAMUSHKA.

 

La convención de mostrar un fragmento de una obra de teatro dentro del teatro era frecuente en el drama isabelino. En Shakespeare el efecto mamushka nos sirve para reflexionar sobre nosotros mismos y sobre la delgada línea que separa la ficción de la realidad. En el caso de Hamlet la obra representada se denomina la ratonera (mousetrap) y establece un paralelismo con la situación real que atraviesa la corte de Dinamarca. Hamlet la utiliza para averiguar si su tío es realmente el culpable de la muerte del rey y finalmente obtiene respuesta a su interrogante.

 

Muchas veces los psicólogos utilizan esta estrategia de contarnos una historia que puede ser ficticia o no con el fin de hacernos reflexionar pero también para reflejar en alguno de esos personajes algún aspecto de nuestra vida misma. Esto nos proporciona otra perspectiva que nos permite vernos reflejados  y observarnos a nosotros mismos pero desde afuera logrando así una mirada global de lo que nos está ocurriendo.

 

En la obra, Hamlet se encuentra cara a cara con el destino ya que además de enfrentar la muerte de su padre, recibe de éste el mandato de vengarlo y de juzgar el comportamiento de su madre. Como religioso que es, no puede asesinar a su tío ni quitarse la vida pero sin embargo recurre a la genialidad de fingir locura y utiliza “la ratonera” (obra de teatro) para confrontar a su inescrupuloso tío.

 

En Hamlet como en tantas otras obras de William Shakespeare se apuesta al teatro como instrumento de confrontación que posee un efecto purificador y catártico para nuestras almas permitiéndonos reconocer y enmendar nuestros propios errores.

 

Para concluir me gustaría citar al propio Hamlet: "¡El mundo está desquiciado! ¡Vaya faena, haber nacido yo para tener que arreglarlo!" 

 

 

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© 2018 por Vanina Celeste Lopérfido 

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